Cuestión nacional y autonomia obrera en Euskal Herria

Digitalización del texto “Cuestion nacional y autonomia obrera en Euskal Herria”.

Cuestión nacional y autonomia obrera en Euskal Herria

Texto recuperado y publicado por el colectivo autónomo bilbaino Zirikatu en 1989, como parte de sus “irakurgaiak” sobre la historia de la autonomia. El texto está escrito en 1985 y trata desde una perspectiva autónoma desde la historia de Euskal Herria hasta propuestas organizativas.

El vertedero político vasco

“En materia política, el optimista es un hombre inconstante y aun peligroso, porque no advierte los grandes obstáculos que presentan sus planes. Para él, éstos parecen poseer una fuerza propia que los conduce a su realización con tanta mayor facilidad—cree— puesto que están destinados a producir más gente feliz.

Con frecuencia, está convencido que algunas pequeñas reformas efectuadas en la estructura política y sobre todo en el gobierno personal, bastarían para orientar el movimiento social, y atenuar lo que el mundo de hoy ofrece de más atroz a las almas sensibles. Desde que sus amigos están en el poder, manifiesta que es preciso dejar pasar las cosas, no apresurarse demasiado y saber contentarse con lo que les sugiere su buena voluntad. No es siempre el interés solamente el que le dicta esas palabras satisfechas, como se ha creído tantas veces: el interés está fuertemente apoyado por el amor propio y por las ilusiones de una chata filosofía. El optimista pasa, con una evidente facilidad, de la cólera revolucionaria al pacifismo social más ridículo.

Si el optimista tiene un temperamento exaltado y, si por desdicha, se halla armado de un gran poder que le permite realizar el ideal que se ha forjado, puede conducir a su país a las peores catástrofes. No tarda mucho en reconocer, en efecto, que las transformaciones sociales no se realizan con la sencillez que había imaginado. Culpa de sus sinsabores a sus contemporáneos, en vez de explicar la marcha de las cosas por las necesidades históricas. Se siente dispuesto a hacer desaparecer a las gentes cuya mala voluntad le parece peligrosa para la felicidad de todos.”

 G. Sorel, “Reflexiones sobre la violencia”

En los últimos tiempos, va subiendo el tono del debate del tratamiento de los residuos en la CAV y de la ya célebre recogida ‘puerta a puerta’ (PaP), tomando una inusitada centralidad en el griterío preelectoral. Y en política, mejor no creer en las casualidades…

Obviamente, tanto PSE como PNV iban a aprovechar cualquier ocasión para el desgaste parlamentario hacia la Diputación guipuzcoana gobernada por Bildu, con una oposición en bloque a la que se suma el PP. Pero sería demasiado fácil dejar caer todo el peso de la cuestión en la simple política de frentes.

Hemos oído últimamente que el político es el terreno donde el Estado español es más débil frente a la Izquierda Abertzale. Sea lo que sea lo que quiera decir esto, es en la vertiente electoral y especialmente gubernamental donde se está librando otra parte de la batalla, la de la hegemonía del abertzalismo, en pugna con el PNV. Porque la irrupción electoral de Bildu no es más que el pistoletazo de salida en esa disputa, la cual se decide realmente en la actuación institucional posterior. Y precisamente es en las artes de gobierno, donde los jeltzales están atacando más a la IA, la cual ha mordido el anzuelo introduciéndose de lleno en esa carrera de ver quién es más eficiente en la administración pública, para ganar el sillón de la lehendakaritza.

Entre gestores anda el juego

En el espectáculo político, como escenificación de la competición entre partidos, candidatos y programas, que buscan satisfacer a las masas de votantes, ofreciendo un producto atractivo, creíble, centrado, lo más posiblemente aséptico,  poco conflictivo y traumático, es donde entra un tema que podría parecer tan secundario como el de los residuos.

Insistir en la neutralidad de la gestión no hace sino confirmar que es pura ideología. Pretender ganar en ese terreno en el que la política queda reducida a criterios técnicos, supone automáticamente subirse al carro de los políticos y especialistas intercambiables, siniestramente iguales, apreciándose sólo una leve diferencia de envoltorio entre ellos. Vender gestión pura y dura, con argumentos tan aplastantes como que ya se hace en la UE o que el ministro español alaba ese modelo, no es más que revelarse y reivindicarse ya sin complejos como un partido de orden.

El veterano PNV afronta riesgos al apostar por soluciones tan susceptibles de oposición popular, y más en Gipuzkoa, como la incineradora. Pero eso no les preocupa demasiado y saben andar con cautela, ya que lo que se está jugando aquí es el liderazgo del país. De hecho, si no hubiera sido Bildu quien hubiera reivindicado el puerta a puerta, serían ellos quienes lo habrían promocionado. Saben perfectamente que pueden adoptar el papel que quieran e instrumentalizar distintos modelos maquiavélicamente para luego utilizarlo como arma arrojadiza contra el oponente. Globalmente tienen todas las que ganar: nadie mejor que ellos puede adoptar esa falsa moderación y centrismo que exige la gestión. Y es que, conocen al capitalismo vasco como si lo hubieran parido. ¿Quién va a ofrecer mejores soluciones, más eficientes, mejores maneras de ocultar los trapos sucios, que ellos? Porque el día en que la IA sea capaz de sustituir al PNV en la tarea de administrar el capitalismo vascongado, lo habrá conseguido a base de reemplazarlo, es decir, de no diferenciarse realmente de él y adoptar en definitiva su papel.

La Escandinavia del Cantábrico

A nadie se le escapa que en lugares como Catalunya, pero también la CAV, se mira mucho a Europa en la implementación de nuevas políticas. De hecho esto ha sido bandera de la burguesía vascongada encarnada en el PNV, que como vanguardia modernizadora y europeizante mira por encima del hombro a la vieja España cañí, para luego confirmar que ha sido y es un pilar de la burguesía española y su Estado.

El asunto toma mayor dramatismo cuando es desde el pretendido independentismo revolucionario desde donde se nos argumenta en contra del caciquismo español, del chanchulleo, del imperio del hormigón y las constructoras, del “España es nuestra ruina”… para hacernos ver la luz de la Europa moderna, cívica, la de las políticas verdes y sus empresas homologadas.

Decía Arzalluz que los del puño y alto querían hacer de Euskadi la Albania del Cantábrico. Nada más lejos de la realidad, cuando el horizonte independentista hoy va aparejado a una novedosa alternativa socioeconómica que no es más que la enésima reedición del Estado social a la escandinava, de lo que siempre habíamos conocido como socialdemocracia, con los tintes verdes que exigen hoy los tiempos.

Y es que convencer con los mismos argumentos al que sólo quiere ser gobernado sin sobresaltos, y a aquel que no tiene otro horizonte que la transformación radical de la sociedad, es difícil que de buenos resultados. No se puede ganar al centro y la radicalidad al mismo tiempo.

Alternativas y maximalismos

Se suele decir que es muy fácil criticar desde la barrera. Puede ser. Pero no lo es menos que desautorizar a su vez al crítico, ya sea llamándole maximalista, , alejado de la realidad, “cuanto peor mejor”, “todo o nada”, falto de alternativas, o incluso acusándole de hacer el juego al enemigo, por no comulgar con ruedas de molino que exige la administración de la nocividad. No queda pues espacio para la crítica.

La exigencia para ofrecer alternativas y pragmatismo recuerdan a las que exigen hoy por ejemplo los promotores del TAV. La imposición se basa en la “necesidad” de dichos proyectos y en la ridiculización del opositor utópico. Así como en el autoconvencimiento de la viabilidad a largo plazo de nuestro modo de vida, mediante ciertos pequeños cambios que no son sino una huida hacia delante. Ante las consecuencias del capitalismo, sólo queda ya el delicioso hedor de la gestión.

Pero la crítica no va ya hacia la clásica acusación de reformismo o etapismo por dar soluciones parciales. Ni siquiera a quedarnos en que esas políticas verdes sean un mero parcheo insuficiente. Sino que además de que se está limitando la acción a dar una salida a las externalidades negativas del sistema sin introducir una crítica radical del conjunto, es el proyecto del capitalismo hoy el que exige esos cambios y que los promociona. Porque además del idealismo de pretender orientar en clave rupturista elementos que no cuestionan el capitalismo, esos mismos elementos no tienen en este caso nada de alternativos, y son ya clave para esta última reconversión sistémica, como necesidad imperiosa.

Nafar libertarioak grebalarien atxiloketen aurrean - Nafar libertarioak ante las detenciones de huelguistas

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Nafar libertarioak grebalarien atxiloketen aurrean

 Nafar Libertariook osteguneko grebalarien atxiloketak salatu nahi ditugu eta bereziki Iruñeako mugimendu libertarioko kideenak. Atxiloketa horiek erantsi behar zaizkie M29an bertan egindakoei eta LABeko militanteenei, CEN patronalaren egoitzaren aurka pintura botatzeagatik. Eta hori dena Iruñean bertan.

Mobilizazioetan parte hartzera deitzen dugu protestaren aurkako errepresioaren kontra aldarri bateratua egiteko. Bai poliziaren errepresioaren areagotze kualitatiboak, bai lege salbuespena arau iragartzeak, bai zirku mediatikoak eta amorruaren bidezko adierazpena erabiliz hark sortutako gizarte alarmak, latzagoa bihurtzen ari den gerra sozialari erantzuten diote, krisi kapitalista honetan.

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Por lo que merezca la pena

[Artículo de colaboración para Borroka Garaia Da!]

En 2003 llegó la anunciada ilegalización de Batasuna. Mucho ha llovido desde entonces, más allá de los intentos por esquivar esta legislación de excepción que hasta hace muy poco ha marginado a la Izquierda Abertzale (IA) de las instituciones.

Me refiero a la nueva fase a la que ha entrado Euskal Herria, materializada en la acumulación de fuerzas y el vuelco del escenario político, por el momento especialmente en su vertiente institucional. Me remito al análisis realizado por Iker Casanova en Gara en dos partes, en el que entre otras cosas se habla del peligro de asimilación e institucionalización que corre la IA y de cómo combatirlo. Así como en otro análisis de Iñaki Gil de San Vicente y otro más de Borroka Garaia Da!, de los que tomaré ideas y plantearé los problemas de otras.

Este análisis es una crítica de aspectos concretos que implica la lucha institucional en los términos actuales, y no una crítica en general a toda participación en abstracto, más allá de mi posicionamiento al respecto. Ya que desde el nacimiento de la Unidad Popular uno de los puntos clave ha sido esa participación, con las tensiones acaecidas según hasta dónde llevarla: en un primer momento tan sólo en ayuntamientos y el Parlamento de Navarra. Así como los problemas prácticos que ha originado en cada lugar. Pero obviamente el tema no está en a cuántas citas electorales se acude, o al número de votos conseguidos, sino al papel de la lucha institucional en la lucha global. Y sobre todo, dado el contexto sociopolítico europeo actual, sobre el papel y las potencialidades de la democracia liberal-burguesa como Estado hoy, hablando más de la utilidad que de la coherencia que ello implica.

La travesía del desierto de la ilegalización

No se puede negar que la ilegalización supuso para la IA un duro varapalo, y ha sido uno de los factores que han estimulado el cambio estratégico, especialmente una vez cerrada la vía de Estrasburgo. Tanto por la propia situación de apartheid; como por las situaciones surrealistas como la del ayuntamiento de Lizartza; por la pérdida del altavoz que constituyen las instituciones; el aislamiento mediático dirigido aún más a la muerte por inanición de la IA; la irrupción electoral de Aralar; la escenificación parlamentaria de mayorías españolistas falseadas en la CAV; o la represión más directa en forma de detenciones y cárcel.

Es significativo por un lado que la IA no consiguiera activar a la sociedad para frenar tal atropello en su momento, sufriendo una gran derrota parcial en aquel momento; así como la capacidad para sobrevivir todos estos años sin ser borrada del mapa; y por supuesto, la capacidad de darle la vuelta a la situación con la vuelta a las instituciones por la puerta grande, superando la fase de la ilegalización.
Sin embargo, esta exclusión ha generado inevitablemente una ansiedad por volver a entrar en el juego democrático. Además de producir una fijación por la crítica a la naturaleza pseudodemocrática de un Estado que ilegaliza a miles de personas. Lo cual
ha hecho que al abrirse de nuevo esa puerta se haya experimentado una peligrosa euforia y una naturalización de la democracia (parlamentaria y burguesa), pese a constatar sus límites.

Con esto me refiero a que se ha interiorizado la crítica a la democracia española en tanto que “Estado fascista”, por su represión y políticas de excepción. Pero una vez se pasa a una relativa normalidad democrática, no se adapta el discurso a una crítica certera a esa normalidad, que de hecho esta fetichizada de antemano, y ese ese uno de los sitios por los que puede venir la asimilación. Este factor se ve incrementado por la desideologización de las propias bases tradicionales de la IA, especialmente de las que no han conocido épocas ya lejanas como la consolidación de la Reforma, o sea, de la actual democracia española.

Resulta fácil repetir el tópico de que esa participación no es un fin sino un medio. Pero una de las circunstancias que se dan, más allá de la unión de partidos que claramente lidera la IA, es que el electorado que se ha sumado a la IA con Bildu y Amaiur proveniente de otros partidos (EA, Aralar, Alternatiba, Batzarre, NaBai e incluso PSE e IU) es en su mayoría un electorado clásico, pasivo, votante en tanto que consumidor de programas electorales ofertados por los partidos, propio de una sociedad desmovilizada, y profundamente demócrata convencido y, por qué no decirlo, de carácter ideológico pequeño burgués. Y esa rebaja coyuntural del discurso para acaparar sectores más centrados políticamente, puede acabar convirtiéndose en permanente. Esa normalización de la democracia puede acabar calando (si no lo ha hecho ya, dada la falta de crítica) con consecuencias fatales para una perspectiva revolucionaria.
Una democracia desprestigiada

Esta vuelta a las instituciones se produce en un contexto de desprestigio de la democracia española, a nivel estatal. Que por un lado viene dado por el hartazgo del rodillo bipartidista del PPSOE, pero no en exclusiva, dado el eterno fracaso de IU o UPyD, que nunca terminan de despegar.

La expresión más obvia de todo ese descontento social latente de características difusas, se ha materializado en el movimiento 15M y en un amplio sector juvenil desencantado con la política tradicional, desideologizado y sin contacto con ideologías antisistema, y afectado por la situación de alto paro juvenil, precariedad y no acceso a una vivienda.

Pese a las reivindicaciones para nada rupturistas como una democracia participativa, que no es sino un complemento y lavado de cara de la ya conocida democracia representativa o parlamentaria; esta situación social sí que ha hecho mella en las instituciones, perdiendo ciertas cotas de legitimidad. Un ejemplo de esto es el aumento de la abstención en las últimas citas electorales.
Si bien todo este contexto en Euskal Herria ha sido muy distinto, por su condición de marco autónomo para la lucha de clases, expresado en sus propias dinámicas políticas y movilizatorias desde hace décadas; sigue siendo sorprendente que aquí no sólo no ha
aumentado la abstención, sino que se ha reducido. Este fenómeno no puede reducirse al simple cálculo matemático de la vuelta al sufragio de miles de personas hasta ahora excluidas.

En un momento de cierta inestabilidad de la democracia, cada vez más cuestionada al menos en cuanto a sus canales tradicionales, el sector político rupturista organizado más fuerte de España y probablemente de Europa, dedica todo su esfuerzo a participar en esas instituciones. Es innegable que supone un desequilibrio importante.

Por último, pese al shock que haya podido producir la vuelta al Congreso de los Diputados a mucha gente, obviamente las instituciones municipales, forales y autonómicas también emanan del marco constitucional español. Algo que no supone en sí una contradicción, en cuanto como decíamos esa participación sea medio y no fin.
Transformación social

“La dictadura de los mercados”. “Los gobiernos ya no gobiernan”. Son cosas que no paramos de escuchar.
En un momento histórico en el que al Capital ya le estorban los marcos estatales, ¿es posible realizar políticas sociales o de contrapeso a esta realidad desde esas instituciones? ¿Y una instrumentalización de ellas, con la que mediante una estrategia de doble poder encauzar el proceso revolucionario? Dudoso, como poco. Puede que por mirarse en el espejo de experiencias progresistas desarrolladas en Estados capitalistas como el llamado Socialismo del S.XXI, cuyo contexto si les da un margen de actuación, más allá de que sean revolucionarias o no.

La enorme maquinaria del estado de bienestar se está cayendo, y si bien se puede apaciguar de alguna manera no recortando indiscriminadamente en los sectores más vulnerables; o tratar de evitar hacer seguidismo de legislaciones centrales como la reforma laboral; la realidad es la que es: hasta Bildu está teniendo que hacer recortes en la Diputación de Gipuzkoa, y no por gusto precisamente, sino por tener las manos atadas. Porque el capitalismo son unas relaciones sociales y un sistema mundial integrado, más allá de que una opción progresista tenga parcelas de poder institucional. Otra vuelta de tuerca a la nefasta idea de un “capitalismo con rostro humano”: la de “otra gestión del capitalismo en crisis es posible”. Esta vez con una cadena que va desde los Estados hasta los ayuntamientos, bien arruinados, bien atados en corto por el poder financiero.

Subirse a un barco que se hunde puede ser un grave error. Y más cuando no es posible redirigirlo. En un momento en el que el capitalismo ofrece más miseria aún, no nos pongamos a gestionarla. Y es que tras esta crisis vendrán otras, por la propia lógica capitalista Y en esta enorme reconversión que está haciendo el capitalismo de sí mismo, ya no es posible mantener fases anteriores de ese sistema como en este caso, el estado de bienestar. Hoy es más necesario que nunca mostrar que las salidas no pueden ir
dentro del capitalismo sino fuera de él. Y las instituciones políticas de ese capitalismo, precisamente, dejan de ser como las hemos conocido, apartándose para ya no volver.

Por ello, más allá de un contrapoder en forma de movimiento popular, que queramos o no, se mueve en los propios márgenes de la sociedad capitalista aunque en ella haya aglutinado a los sectores más conscientes del pueblo trabajador, debemos construir fuera de ella. Sin caer en la ilusión, que por otra parte recuerda mucho a los utópicos, de construir realidades paralelas al sistema de manera no conflictiva. Estamos ante una agudización sin precedentes de las contradicciones sociales en el Estado español desde el segundo asalto a la sociedad de clases. En este momento clave, en el que el aumento de la represión anuncia ya que el panorama social se pone interesante, hay que adoptar una posición de ataque. Y realizar el asalto a las instituciones en un momento en el que estas van a tener un papelón en términos represivos, no debería antojarse muy apetecible. Ya hemos tenido un gran ejemplo de lucha social en la huelga general del 29M, que en Hego Euskal Herria ha sido espectacular, tanto cuantitativa como cualitativamente. En estos tiempos, la respuesta más que nunca está en la calle.

Ejemplificando el tema de luchas con una gran capacidad desestabilizadora, al igual que la represión consiguiente, está el Tren de Alta Velocidad a su paso por Euskal Herria. Se trata de proyectos de grandes infraestructuras, que no suponen tan solo un simple atentado ecológico. Son macroproyectos a nivel internacional, integrados en ese mercado global, incrementando el nivel de movilidad de personas y mercancías, bajo el criterio de la eficiencia y la velocidad. Son estrictamente necesarios para que el capitalismo funcione, o lo que es lo mismo, que siga creciendo. La falta de capacidad del propio mercado para asumir este enorme gasto implica que lo tomen como proyecto central los Estados (con retrasos por la crisis), uniendo a ello la militarización de su construcción. Por ello y por lo dicho antes sobre el estado de bienestar, mostrar estos enormes gastos públicos como derroches que deberían emplearse en los servicios sociales que están siendo recortados, no muestra sino una grave ingenuidad sobre el momento histórico actual.
Son movimientos amplios con diferentes grados de radicalidad los que se oponen a estos proyectos, y ahí reside su fuerza. Porque tanto si fueran radicales pero marginales, como si fueran masivos pero moderados y exclusivamente institucionales, no tendrían sentido. Descartada obviamente la opción de hacer frente a estos proyectos únicamente desde las instituciones, veamos ejemplos del apoyo que puede buscar el movimiento popular en ellas. Hemos podido ver cómo, por ejemplo, la Diputación de Gipuzkoa no tiene potestad para impedir el paso del TAV. Ahí está la diferencia entre hacer políticas verdes que sí son toleradas dentro del sistema, u oponerse frontalmente a un proyecto clave para el Capital. ¿De qué sirve entonces gobernar una provincia, si para las cosas verdaderamente importantes no tiene capacidad de decisión?

Siguiendo con el ejemplo del TAV, este no es fruto de una cabezonería de cuatro políticos, ni un simple negocio puntual, ni un chanchullo entre sus amigos. Es un proyecto verdaderamente estratégico, y muy relacionado con la Eurorregión Aquitania-
Euskadi, además del monstruoso eje Donostia-Baiona. ¿Es posible ganar apoyos desde la Europa del Capital mientras que se construye un proyecto nacional que suponga una ruptura con esta realidad?

Una cosa es la mediación de instancias internacionales en la resolución del conflicto armado, y otra es pretender que desde esas instancias se puedan encontrar apoyos para el objetivo independentista que rompa con este modelo económico. Dado que el Estado español no tiene visos de ceder, y la vía más probable sea la de la unilateralidad. Ya que hablamos de un Estado democrático consolidado y legitimado internacionalmente como España, la presión externa hacia ella para que permita la secesión de un territorio tan importante y además en clave socialista, no es más que una ilusión. El apoyo internacionalista deberá venir de los pueblos y en primer lugar, desde los de España.
¿Un partido político más?

Si bien con Bildu y Amaiur se ha ganado la batalla de la legalización, aun está pendiente en el caso de Sortu, el cual puede ser central. Mientras los dos primeros son frentes amplios en los que participa la IA, el tercero va a pasar a constituirse como el nuevo sujeto político de la IA.

Lo que hasta ahora ha sido la Unidad Popular, un movimiento político de base local asamblearia, pero articulador de dinámicas nacionales, entre ellas la participación electoral, cambia radicalmente.

En esa carrera por la legalización se han renunciado a las expresiones organizativas históricas para pasar el filtro judicial que apela al principio de la continuidad con organizaciones ilegalizadas. En este sentido, se constituye Sortu, un nuevo partido que cumple con la ley y que más allá de su reiteración exagerada del rechazo a la violencia, aporta puntos clave en sus estatutos.
Habrá que estar alerta ante cambios de tanto calado en puntos clave en la lucha de liberación, como bien se apuntó aquí. Y no sólo en los cambios internos que puede suponer.

Al pasar a ser un referente político estandarizado respecto a todo el arco parlamentario de gestores políticos, que además gestione cada vez más cuotas de poder, se vislumbra la posibilidad de que haya una avalancha de trepas y gentes sin escrúpulos que aprovechen la vía del carnet y la afiliación, hasta ahora inédita.
Control popular

Intentando ir más allá de generalidades ideales como que haya un control férreo a los cargos institucionales, que el movimiento popular tenga capacidad de decisión autónoma, la conexión de ambos, etc. surge el tema de la representación.
Dentro de esa normalización de la democracia burguesa entra la asunción de los roles que esta genera. Me refiero a los roles que genera el sistema parlamentario, de democracia representativa: la dialéctica representantes/representados.

Esta idea de mandato representativo supone básicamente que el representante electo no representa a los votantes de su circunscripción, ni a los que han votado por él, ni a su partido. Representa al conjunto de la Nación (en este caso, la española), como sujeto político de derechos. De ahí se desprende que tenga libertad de voto, negando toda posibilidad de obligación de cumplir un mandato desde abajo (mandato imperativo) e imposibilitando la revocabilidad de su cargo. En la práctica, esta prohibición del mandato imperativo se la saltan los partidos sistemáticamente, orientando el voto de sus parlamentarios.

Los llamamientos a “una democracia participativa” no son más que cantos de sirena. Estos mecanismos de participación no sólo no son reales, sino que no cuestionan ni un ápice al sistema parlamentario. Lo complementan y refuerzan. Si antes el Estado te jodía directamente, como algo caído del cielo; ahora te jode igualmente, pero contando contigo, tras un proceso de participación en el que te sentirás el protagonista. Bienvenidos a la participación ciudadana.

En una democracia directa (en definitiva, una verdadera democracia política) las personas elegidas no son más que portavoces sin capacidad decisoria, delegados revocables que llevan la opinión de las asambleas de base a instancias más altas. Pero el órgano supremo y soberano siempre será la asamblea entre iguales. Este modelo rompe de raíz con el sistema parlamentario, como con su nueva versión participativa.

Volviendo al tema de las instituciones españolas. Una articulación real y municipalista del proyecto secesionista como Udalbiltza parte de la rigidez de unas instituciones muy concretas y para nada neutrales, aunque las tengamos al lado de casa: los ayuntamientos. Y aquí volveríamos al punto de la conveniencia de luchar dentro en los tiempos que corren. Este proyecto se lleva a cabo deliberadamente desde ahí y no desde, por ejemplo, comités independentistas barrio a barrio, pueblo a pueblo, construyendo espacios con vocación de poder directa.
Con intención constructiva

No se trata de realizar una crítica visceral y destructiva desde la distancia a las prácticas del MLNV con tal de mostrar sus contradicciones y desprestigiarlo.

Con este esbozo pretendo aportar desde la humildad pistas para la práctica, para la lucha real en la fase histórica tan importante en la que ya nos encontramos, por lo que merezca la pena dejarse la piel realmente.

Euskal Herriak, 2012-IV-15

Luchando en el lugar preciso

La cita del 29M se va calentando. En los últimos tiempos hemos tenido noticias de distintos sabotajes y acciones principalmente contra entidades bancarias, o contra intereses estatales; en ocasiones acompañadas de consignas anticapitalistas o llamando a la huelga; un simple petardo, una maza o globos de pintura; Santutxu, Amurrio, Agurain, Gasteiz; jóvenes detenidxs….

Los medios de comunicación, actuando bajo una estrategia bien pautada, han tratado de revivir el fantasma de la kale borroka (que siempre tuvo mucho de político-mediático) “y sus nostálgicos”,  junto con clásicos como el Consejero de Interior de la Comunidad Autónoma Vasca, Rodolfo Ares. El carácter espontáneo y no  fácilmente adscribible a cualquier grupo definido de estas acciones es la pesadilla de todo investigador, policial o periodístico. No es admisible mediáticamente que estalle la rabia contra los que la han sembrado. De ahí que surja ipso facto la consigna de identificarlos como disidentes de la Izquierda Abertzale, apelando a esta a que los aisle, para demostrar su talante democrático. Y esta cae en la trampa del juego de los demócratas alegando que el inofensivo petardo de Agurain está “fuera de lugar”.

Si algo es cierto es que se está produciendo una intensificación de la lucha social, o más bien de las condiciones para que esta se produzca, a nivel de todo el Estado, sin estar muy claro cómo se va a articular. Y esto no viene solamente dado por la situación económica, los recortes, o la reforma laboral. Va a ir acompañado por un aumento de la represión hacia las expresiones radicales de lucha. La legislatura recién iniciada del PP va a ser larga, y la huelga general del 29M va a ser el primera escenificación de los tiempos duros que vienen.

Para ver cómo se articula es importante tener en cuenta a los agentes articuladores de la protesta. UGT y CCOO, que fueron hasta la fecha pilares del statu quo español, se retiran silenciosamente una vez hecho su trabajo desmovilizador y conciliador, maniobrando en el final de su rol histórico, en un clima de descrédito social nunca visto hasta la fecha hacia los sindicatos, de alguna manera también alentado por los mass media. En esta situación de debilidad convocan una huelga general de manera atropellada, asumiendo desde el principio su fracaso y suplicando que se les tenga en cuenta en la negociación. Además de que, por primera vez lo hacen a remolque del sindicalismo alternativo gallego y vasco, pese a sus deficiencias.

Por otro lado, el movimiento 15M parece de momento no ser capaz de remontar el vuelo y devolver a la calle la protesta, estabilizándose sus asambleas barriales y perdiendo el carácter de novedad. El carácter de descontento social (indignación) que motivó el movimiento de ocupación de plazas (pese a haberse articulado con una fijación extrema en el sistema político)  se queda en un estado meramente potencial, lejos de aglutinar una masa crítica ante un ataque directo como es la reforma laboral. Tal vez una huelga general sea algo irremediablemente unido a esa vieja izquierda en crisis.

Pero volviendo a Euskal Herria, foco histórico de disidencia y dolor de cabeza para el Estado español, hoy en horas bajas; aquí tampoco está muy claro cómo se va a articular, por el impasse en la lucha social, pese al malestar latente.

Este aumento de la polarización social, ha pillado al MLNV centrado en el “proceso democrático”, con el cese definitivo de la lucha armada de ETA, el giro estratégico de la Izquierda Abertzale, la acumulación de fuerzas soberanistas y la participación en las elecciones forales y generales. Más allá de las valoraciones del cambio estratégico, en los últimos tiempos el movimiento popular no sólo no ha experimentado esa acumulación y expansión, sino que ha mantenido un perfil bajo, mostrándose una clara priorización de la lucha institucional.

Si antes decía que el sindicalismo institucional español está en crisis, el sindicalismo alternativo vasco no se libra, aunque en menor medida. La convocatoria de huelga general para el 29M, si bien sí ha sido socializada y era un clamor entre el tejido social, tampoco parte de una posición de fuerza en un principio, al menos en sus organizaciones. Uno de los frentes más exitosos del movimiento popular, la “mayoría sindical vasca”, integrada por ELA, LAB y una serie de sindicatos más pequeños, entra en crisis. Sin centrarme en este tema, por un lado está la ausencia de ELA en las escenificaciones del polo soberanista y del proceso democrático; y por otro ese bajo perfil mantenido por el movimiento popular abertzale, en este caso LAB, pensando más en las instituciones que en la lucha de base.  En este contexto se trata de dar una imagen de unidad para la huelga, y se empieza a movilizar a todo ese magma social. Paralelamente se presenta Ezkerretik Bilduz, como expresión de ese campo social desatendido y escenificación de una nueva fase y campo en el que realizar la “acumulación de fuerzas”, cerrando filas por la izquierda.

Llega marzo y se vuelve a movilizar el movimiento juvenil. Después de tanto tiempo de letargo, reaparece con fuerza y ganas. “Martxoko Iraultza”, “Euskal Udaberria”… La Ertzaintza cargando el 3 de Marzo, movilizaciones estudiantiles, Forales y Nacionales en jaque… La huelga se empieza a calentar. En efecto, en la práctica callejera y militante, la juventud vasca rebasa los márgenes toda estrechez ideológica reformista con naturalidad. Ya puede ser “la defensa de la educación pública” o cualquier cuestión en principio inofensiva, que la lección dada en la calle deja en evidencia tanto a los simulacros de protesta social convenientemente reglamentada; como al radicalismo verbal que sólo se queda en pose.

Lo oportuno y necesario en unos tiempos que exigen enseñar los dientes nunca estará “fuera de lugar” para toda esa juventud que se parte la cara en la calle. Más bien despierta complicidades y supone un soplo de aire fresco entre el hastío de lo políticamente correcto que nos ahoga, y por qué no decirlo, nos aburre.

La huelga, convertida en una ceremonia colectiva de 24h como única expresión posible del rechazo, dentro de los cauces establecidos, es tan sólo un paso más. Un paso para rebasarlos. Porque esta huelga es un punto de partida en la escalada que va a experimentar la lucha. No lo perdamos, ni deleguemos nuestra respuesta en terceros ni aceptemos corsés. Porque la lucha está en la calle en todas sus expresiones y somos demasiado jóvenes para esperar, no estamos fuera de lugar, sino en el lugar preciso.

El ‘puerta a puerta’ o el ecologismo como razón de Estado

De un tiempo a esta parte, tras la constatación de que ya no hay dónde meter tanta mierda acumulada, y en el contexto de la asunción de que el capitalismo se enfrenta a un mundo finito, se han ido generalizado los sistemas selectivos de recogida de basuras y su reciclaje posterior. Se trata pues de evitar macrovertederos e incineradoras, bajo la fe de que es posible llevar a cabo un tratamiento sostenible de los residuos domésticos, minimizando su impacto posterior, y que esas otras soluciones más agresivas son evitables.

Ciertamente, el sistema capitalista, no entendido sólamente como sus relaciones sociales de producción, sino también como sistema inherentemente productivista y en constante crecimiento , se reconvierte y adapta a una velocidad pasmosa con tal de asegurar su perpetuación. Si llegó un momento en el que era más beneficioso para el propio Estado-Capital dejar de condenar a los obreros a la miseria material e introducirlos en la espiral del consumo, aumentando su capacidad adquisitiva y así reactivando la economía; en el campo ecológico, se ha pasado a rentabilizar los propios residuos provenientes de la producción y el consumo, con una nueva generación de técnicos de medio ambiente a su alrededor y las respectivas empresas verdes encontrando un nuevo mercado.

Más allá de la creencia en que el Estado podía frenar la sinrazón empresarial en lo ecológico, hoy se materializa una nueva alianza entre Estado y Capital, aplicando políticas verdes e incentivando la readaptación de la producción al nuevo tiempo por un lado, y generalizando el desarrollo sostenible por el otro, tanto en la producción (energías renovables, etc.) como en el consumo (productos ecológicos) y en su última fase, la de los deshechos (recogida selectiva, tratamiento de residuos, reciclaje…).

Pero la aplicación de estas políticas no es tan simple. Al haber incorporado a casi la totalidad de la población en la orgía consumista, de la cual provienen gran parte de los residuos, no es suficiente readaptar la producción para que este planeta aguante unas pocas décadas más. Hay que cambiar las pautas de actuación de toda esa masa de consumidores, cosa que va triunfando en cuanto al consumo energético y de bienes de consumo (más allá de la falsa condición de esas energías limpias, renovables, verdes, etc.), pero también será necesario transformar los hábitos en cuanto a los residuos. Evidentemente, el paso del bombardeo publicitario del “consume y derrocha sin cuidado” al “separa convenientemente tus residuos como ciudadano responsable“ hay un trauma importante, y es aquí donde entran los poderes públicos.

Son los ayuntamientos y entidades supramunicipales los que se ocupan de la recogida y tratamiento de residuos, junto con las empresas antes nombradas. Es en  Gipuzkoa, zona especialmente abierta a las políticas verdes que ya se venían implementando en Europa, y a la vez territorio densamente poblado y con un problema obvio en cuanto a los residuos, donde se han propuesto varias soluciones.

Fue especialmente el PNV el promotor de la incineración, con una planta en Zubieta, más acorde con su política del hormigón desarrollista clásica y sus grandes empresas constructoras amigas. En este caso el intento de revestirlo de verde no funcionó. Encontró una gran oposición popular, vecinal y ecologista, que ha acabado por desbaratar el plan de PNV y PSE con la vuelta de la Izquierda Abertzale a las instituciones. Tanto la Diputación como la abrumadora mayoría de los ayuntamientos, gobernados por Bildu, han rechazado la incineración.

Pero la IA ya venía promoviendo “otra gestión” de los residuos en ayuntamientos como Usurbil, donde gobernaba ANV y ahora Bildu donde se lleva aplicando el sistema de recogida de basuras ‘puerta a puerta‘ desde 2009, como alternativa a la incineración. De ahí se ha ido extendiendo a Oiartzun, Hernani o Antzuola, y también se va a promover la recogida selectiva en la Mancomunidad de San Marko, que abarca todo Donostialdea y es dirigida por Bildu. Es recientemente cuando 34 ayuntamientos guipuzcoanos gobernados por Bildu anuncian que en 2013 aplicarán el ‘puerta a puerta’, llegando a implicar a 250.000 personas, aunque sin integrar de momento a Donostia.

Pero, ¿en qué consiste este sistema? Según sus promotores, es “más eficiente” y con él se llega a reciclar el 90% de los residuos. Cada día estipulado se recogerá un tipo de basura, a las horas concretas. Para funcionar, obliga a los vecinos a cumplir estas pautas, siendo multados en caso contrario, llegando a haber habido casos de identificación de los infractores a través de los recibos, documentos y facturas hallados en sus basuras .

Esta creencia de que “otro capitalismo es posible“ íntimamente relacionada con la gestión de lo existente que lleva a cabo la IA, lleva a una responsabilización y culpabilización del individuo, aludiendo a la solidaridad y el civismo, con una deriva autoritaria del ecologismo institucional evidente, donde lo verde pasa a ser razón de Estado; cuando es este sistema capitalista y desarrollista, en ningún momento cuestionado, el que nos ha llevado a esta situación. Es todo un sistema de producción, un sistema de necesidades, una sociedad insostenible la que nos ha llevado hasta aquí. Y modificando el tratamiento de sus externalidades no llegaremos a ninguna parte. Estamos ante una crisis civilizatoria.

La solución no se encontrará en tirar el cartón los martes y el plástico los miércoles como ciudadanos modelo obedientes, mediante campañas de reeducación como si fuéramos penitentes en camino al confesionario, para limpiar nuestros pecados. El problema, la sociedad industrial y lo que implica, no es superficial, sino de raíz. Por tanto, las soluciones también serán radicales, y no vendrán por parte de las instituciones ni podrán llevarse a cabo a través de ellas. La piedra está en nuestro tejado, sólo nosotros podemos arrojarla.

“El capitalismo ha alcanzado su cenit, ha traspasado el umbral a partir del cual las medidas para preservarlo aceleran su autodestrucción. Ya no puede presentarse como la única alternativa al caos; es el caos y lo será cada vez más.” Miquel Amorós