De otrxs

Éxito de Podemos, derrota del proletariado

[Por Roi Ferreiro. Tomado de los foros de alasbarricadas.org]

 

Lo que sigue es una valoración del éxito de Podemos, la nueva formación electoral de izquierda emergente en el Estado español. Para ello me apoyo en el análisis de sus fuentes de apoyo electoral, en la consideración de su discurso y su programa político, en su práctica todavía incipiente y en sus nexos con las masas trabajadoras y los movimientos de lucha de los últimos años, que no han conseguido frenar, mucho menos hacer retroceder, a la ofensiva del gobierno estatal apoyado e instado desde la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

“El principal nutriente de Podemos es el voto socialista, ya que el 36% de los que recuerdan haber votado al partido de Pablo Iglesias el 25 de mayo declaran haber votado socialista en las elecciones generales de 2011. (…) Les siguen los abstencionistas…, que representan una cuarta parte del voto a Podemos, y los votantes de IU, un 19%. Los tres grupos representan a ocho de cada diez papeletas cosechadas por los de Pablo Iglesias.

Pero (…) los de Pablo Iglesias han conseguido atraer a un número bastante reducido de voto socialista convencido. La mayor parte de sus apoyos proviene de votantes socialistas que ya mostraban un claro distanciamiento respecto del PSOE en sondeos previos.” (Oriol Bartomeus, 11/06/14, en:http://www.eldiario.es/agendapublica/nu … 24012.html)

Todo esto evidencia lo que ya era evidente en el discurso y en el programa electoral de Podemos: se trata de un intento de reconstituir y reconstruir el proyecto socialdemócrata.

Es la respuesta lógica a una situación en la que el principal referente de la socialdemocracia, con su “flexibilidad” a la hora de amoldarse al doble juego del gobierno en la sociedad capitalista (apoyarse a veces en la clase trabajadora para oponerse a intereses de unas facciones del capital, y otras en el grueso capitalista para oponerse al movimiento obrero cuando pide ‘demasiado’).

Podemos se dirige, claro está, contra la “casta”, porque esa “casta” se ha convertido en un obstáculo a ese doble juego y parece el primer obstáculo para reequilibrar una sociedad que se ha polarizado gravemente y, lo que es más importante, de forma acelerada y en pocos años. Pero este discurso sobre la “casta” no deja de ser equivalente a decir que todo depende de la “voluntad política”, o sea, de disponer de votos suficientes para gobernar el Estado, y por lo tanto, es otra forma de cretinismo parlamentarista: es decir, de la creencia supersticiosa en que el Estado puede situarse por encima de los poderes fácticos que dominan la vida económica y, por lo tanto, de que lo importante es acumular un apoyo social que se traduzca en votos.

De esta manera, se asume una estrategia de movilización popular que no está fundamentada en la construcción de formas de contrapoder independientes, fuera del control del Estado, como fueron las organizaciones obreras en sus orígenes. El fundamento de la estrategia de Podemos, como el del resto de partidos (y sindicatos) parlamentaristas, es conseguir alterar las corrientes de opinión en favor de su propio partido o de un frente de izquierda. El hecho de que Podemos se haya fundado orgánicamente en el aire, en torno a minorías de izquierda diversas, y no sea expresión directa de una base amplia, organizada en movimientos de lucha independientes, implica ya que es una organización política carente de verdadero poder social, una organización construida sobre la influencia mediática y sobre los restos descontentos de la izquierda “mayoritaria” y sus versiones “alternativas”.

En estas condiciones, Podemos es una organización que se constituye, a pesar de todos los formalismos democráticos, sociopolíticamente desde “arriba” hacia “abajo”, porque son las élites intelectuales contestatarias y sus adherentes quienes forman el núcleo de este partido político en construcción. Por eso, paradójicamente, se ven en la necesidad de sobreenfatizar, una y otra vez, que son los “más democráticos” y que sus procedimientos democráticos son un aspecto esencial de su “manera de hacer política”. Es su principal manera de aproximarse a las masas trabajadoras a las que piden su apoyo, ya que Podemos no es una creación de esas masas mismas, por más que hayan reunido a gente diversa mediante sus Círculos.

Si digo todo esto no es para infravalorar la necesidad de la democracia más amplia posible, sino para destacar la debilidad congénita que presentan y que, dada su base electoral, no van a poder superar. Su campo de votos no forma un movimiento independiente y consciente que pueda sustentar, desde fuera del parlamento, una lucha contra los enormes poderes económicos e ideológicos que dominan la sociedad. Es decir, que dominan la “voluntad política” de la gente real. Y todo su discurso sobre la “casta”, la democracia, etc., etc., no va más allá de proclamar que lo decisivo es un cambio de gobierno y del régimen político y legal del Estado.

Con este discurso y programa engañan a la gente descontenta, que en realidad está deseosa de engañarse a sí misma porque desea volver a una vida tranquila en un capitalismo “progresista” y con “derechos sociales”, y se engañan a sí mismos, deseosos como están de conseguir el poder del Estado para realizar sus ilusiones.

Pero esta falsa conciencia de la realidad y de la forma de cambiarla es lo que ha determinado y perpetúa el fracaso de la “izquierda” vieja y nueva para conseguir cualquier cambio sustancial en la situación. Además, claro está, de no entender que la extensión del “neoliberalismo” no es algo casual, que se explique simplemente por un cambio en la correlación de fuerzas entre la clase capitalista y las clases trabajadoras, sino que ha sido y sigue siendo la expresión de una necesidad intrínseca del capitalismo, que lo hace cada vez más incompatible con cualquier política socialdemócrata progresista (en el sentido clásico e ideal de ampliar la democracia, el sector público, la redistribución de la riqueza, etc.).

Por lo tanto, si queremos mejorar nuestra situación necesitamos construir un movimiento sociopolítico independiente del Estado y capaz de reunir a la mayoría de la población trabajadora para la lucha por un programa de reformas mínimas. Esto no tiene nada que ver con sumar votos y dar discursos, por combativos e ilustrativos que puedan ser. Tiene que ver con que la gente entienda que el poder real reside en ellos mismos y que sólo pueden ejercerlo ellos mismos, sin confiar en el Estado y siendo conscientes de que esta democracia “popular” es antagónica a la democracia “oficial” que sirve como mecanismo de amortiguación de los conflictos sociales y como cortina de humo para ocultar los verdaderos intereses en pugna, o sea, la lucha de clases que tiene lugar fuera del Estado y que, por su naturaleza de proceso autónomo en el que la clase trabajadora se organiza como poder independiente frente al capital, constituye siempre una amenaza al poder y a la existencia misma contra el Estado. La única verdadera amenaza contra el capitalismo.

Pero es evidente que Podemos no es un “actor político” capaz de hacer avanzar este proceso de autoconstrucción de las masas trabajadoras como sujeto político efectivo. Como tampoco lo son los movimientos de lucha de los últimos años, que están controlados o son hegemonizados por organizaciones sindicales y partidarias de la “izquierda” prevaleciente, que simplemente es la ‘izquierda del capital’.

En este sentido, no fue el 15M -y lo que de allí surgió espontáneamente-, ni tampoco la mayoría de los procesos de lucha de los últimos años, lo que ha posibilitado la emergencia de Podemos como alternativa política electoral. Ha sido el frasaso del 15M, que ha sido el único intento de verdadero “proceso constituyente” de un poder popular, a pesar de toda la falsa conciencia sobre ampliar y reformar la democracia existente. Y ha sido la incapacidad de la clase trabajadora para desarrollar su conciencia política de clase, su persistente adhesión a las ilusiones en el capitalismo y en poder conservar o restablecer sus formas “conciliadoras”, que han impedido el desarrollo de una “respuesta social” a la altura de la gravedad y extensión del empobrecimiento masivo y la política de masacre social impulsada por el gran capital financiero europeo.

El ascenso de Podemos es el resultado de la debilidad política de la clase trabajadora, la expresión de sus ilusiones conservadoras. Esto no quita que, precisamente porque esta sea la situación general, Podemos no pueda desarrollar una actividad política “progresista”. Sólo significa que tal actividad no podrá ir más allá de conseguir nuevas migajas y que finalmente, por sí misma, no conseguirá sus objetivos ni contribuirá a sentar las bases para cambios sustanciales. En este sentido, es una falsa alternativa.

Decía Marx, corrigiendo a Hegel, que “la historia se repite”, pero que la primera vez lo hacía como tragedia y la segunda como farsa. En nuestro caso, Podemos es un ejemplo de los procesos de reconstitución del proyecto socialdemócrata en su versión anti-liberal o clásica. Pero este proyecto, que en el pasado se reveló una ilusión y que condujo al trágico retroceso de las posiciones económicas, sociales y políticas adquiridas por la clase obrera durante décadas de lucha, organización y concienciación, en la actualidad no puede ser una farsa porque, por más que sinceramente crean en él sus impulsores, el capitalismo contemporáneo se ha desarrollado durante los últimos 40 años sobre políticas que van en una dirección totalmente contraria (llámense “neoliberales”, “social-liberales”, etc.).

Este capitalismo no va a admitir ningún avance en sentido contrario sin una lucha de masas seria y organizada, y en la actualidad difícilmente la salida a la crisis supondrá cualquier recuperación de las posiciones anteriores de los trabajadores, en primer lugar porque su destrucción es y será condición estructural de continuidad del siguiente ciclo expansivo de la economía. Todo lo cual, por otra parte, viene reforzado por el nuevo orden europeo, instituido por el Tratado de Estabilidad que impone el objetivo de déficit cero para todos los Estados miembros y la prioridad al pago de la deuda pública, así como tiene su garante en la dominación del capital financiero internacionalizado y los límites que pone a la soberanía de los Estados nacionales.

17 de Junio de 2014
Roi Ferreiro

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