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Historia crítica de ETA: LAIA – Frente Obrero

[Traducido por Agintea Hausten del original “Histoire critique d’E.T.A.”]

HISTORIA CRÍTICA DE E.T.A.

INTRODUCCIÓN

Este trabajo se hizo en 1974, antes de las diversas escisiones que, partiendo de un tronco común, ETA, hicieron nacer a LAIA, ETA (político-militar) y ETA (militar). En esta época un grupo importante de militantes veía la necesidad de construir un Partido Comunista al servicio de la clase obrera patriótica vasca, y la imposibilidad por parte del grupo dirigente de ETA de adoptar tal línea. La crisis interna era una realidad que se agravaba por los sacrificios que numerosos militantes obreros se veían obligados a hacer en sus lugares de trabajo, para seguir sosteniendo las acciones militares. Ante esta situación, estos militantes tenían que elegir entre dos lineas: bien batirse en el interior de ETA para reemplazar a la dirección militarista por otra favorable a la acción de clase, o bien abandonar ETA y crear un nuevo Partido.

Para decidirse por una u otra linea, es seguro que hubo motivos de orden interno. Así, numerosos militantes consideraban que frente a la fuerza mayoritaria de los militaristas (especialmente de los principales dirigentes), había que librar batalla dentro de la organización. La razón fundamental era el prestigio de las siglas ETA, y la idea de que el Pueblo aceptaría más fácilmente una linea obrera, comunista y patriota, si estas se hacía bajo el nombre de ETA. Otros en cambio tenían la impresión de que ETA, escorándose hacia el activismo, se había, a pesar de su desarrollo, separado de las luchas que las masas en general, y la clase obrera en particular estaban en proceso de vivir en Euskadi Sur.

Es el porqué de que este estudio distinga claramente dos épocas: antes y después de la VI Asamblea de 1970. Hasta esta época, el desarrollo de ETA y de la conciencia revolucionaria obrera en el seno del nacionalismo vasco seguían un mismo camino, estrechamente unidos. Desde la escisión, en ETA-V es una linea marcada por el heroísmo individual la que predomina, y que no ejerce más que una influencia indirecta o nula en el desarrollo del movimiento patriota y obrero de Euskadi.

Este texto analiza el problema en términos de intereses de clase, subrayando el predominio de la influencia de la pequeña burguesía en ETA. Es en este sentido, que para establecer el contacto con el proletariado y por tanto con la linea histórica de ETA, que una ruptura radical con la práctica de los cuatro últimos años se imponía, así como el cambio de nombre.

Tanto así que este escrito fue una de las bases que cimentarían la creación de un partido de masas independentista y comunista (LAIA). Su mayor interés reside en el esfuerzo de explicar la historia de ETA, no solamente como un producto de la mentalidad de sus dirigentes, sino también en estrecha relación con la evolución de las clases sociales en Euskadi Sur.

 

 

Euskadi Norte, abril de 1976

(…)

Volvamos pues a ETA (después de 1970). Esta organización no tiene la misma significación que hace unos años: ya no se le puede considerar como una organización integrada en las clases populares vascas y en la clase obrera, sino como un GRUPO CLANDESTINO CERRADO DE ACTIVISTAS, bien armados, animados por una voluntad nacionalista y un vago socialismo que actúan desde el EXTERIOR, no sólo externamente a la clase obrera, sino también externamente al patriotismo popular vasco. No ha habido continuidad en el proceso ascendente para responder a las contradicciones de nuestra sociedad. Para buscar la causa del retorno de ETA al gueto de la clandestinidad no basta con invocar la represión en tanto que causa, sino que es necesario hablar de errores estratégicos y tácticos.

Justo antes de la escisión V-VI, la represión había golpeado duramente a ETA. Se contaban por centenares los presos y exiliados; la sangría había sido especialmente grande a nivel de liberados y dirigentes. Es aquí donde nos reencontramos de nuevo con el problema de las estructuras internas. Ante la pérdida o el exilio de los dirigentes, la base no tenía la capacidad de nombrar un nuevo equipo dirigente ni de funcionar de manera autónoma. Sin liberados, ETA se desarticulaba y era vital que los relevos funcionaran para que un nuevo grupo de liberados dirigiera la organización. De hecho, después de los arrestos y huidas que siguieron a los sucesos de Artekale y Mogroviejo (que más tarde serán los condenados en Burgos), los nuevos relevos, en lugar de representar la continuidad de la ETA que venía de la V Asamblea, van a representar en cambio la implantación de la nueva linea del FO, oficializando así el cambio de orientación del que hemos hablado más arriba (la mayoría de los militantes, incluidos nosotros, pensaba que ‘devenir el Partido de la clase obrera vasca’ suponía la integración de los trabajadores no vascos en la comunidad vasca no española; una buena parte de los dirigentes pensaba que esa integración no estaba a la orden del día, y que la solución era integrar la causa de la libertad nacional vasca en la lucha de todo el proletariado de la España plurinacional). Así, mientras la ideología y la estrategia de la mayoría de la dirección evolucionaba en un sentido, provocando sustituciones y marginaciones de los liberados que no correspondían a la nueva línea, la gran mayoría de la base seguía pensando de acuerdo a las motivaciones claramente nacionalistas que les habían llevado a militar en ETA. El resultado era que la existencia de una estructura de poder autoritaria e incontrolable había hecho la discusión interna entre las tendencias de ETA imposible. Una vez más, en lugar de evolucionar hacia una lógica alianza entre comunistas vasco-españoles y vascos no españoles, llegamos a la escisión.

Esta llega en pleno Proceso de Burgos. Contra la mayoría de la dirección (que, después de la Asamblea, creará ETA-VI) los nacionalistas anticomunistas y los comunistas no españoles, todos partidarios de una independencia estratégica del movimiento revolucionario vasco, hacen bloque en el interior de ETA. El problema adicional fue que toda la pequeña burguesía nacionalista democrática (favorable a la acción violenta y a veces socialista), frente a la evolución de ETA hacia un partido obrero, estuvo bien decidida a frenar esa evolución, o bien a constituir su propio partido distinto de ETA y el PNV. La escisión y sus apoyos darán a los representantes de esta clase que militaban en ETA el poder de influir decisivamente sobre la línea política de la nueva ETA-V y de frenar todo el camino hacia el partido de clase. Rápidamente la elección estaba hecha, y se aglutinaron en torno a ETA-V, salida debilitada de la asamblea, los sectores que se habían separado previamente, estando opuestos a una evolución comunista: como el grupo paramilitar del “Cabra” y los simpatizantes de la revista BRANKA. Así mismo, ETA-V deviene el punto de encuentro de nuevos grupos cuya linea política se parecía a la de la ETA previa a la V Asamblea: EGI-Batasuna (separada el PNV en 1970), pero también de personajes influyentes que querían servirse de ETA y su dinamismo para “rejuvenecer” el Gobierno Vasco (Monzón). La diferencia entre los apoyos de 1966-67 y los de 1970 es que en el primer caso los abertzale procomunistas eran mayoritarios en el interior de ETA-Zaharra, y que en el segundo caso (ETA-V) las influencias pequeño-burguesas son mayoritarias.

Es así que ETA-V, pronto convertida en la única ETA, ha marcado un claro retroceso.  La primera decisión fue pretender que, frente a la gente de ETA-VI, había que defender la línea precisa adoptada a la salida de la V Asamblea. Mientras que, para todo militante comunista patriota, la V Asamblea es un punto de partida común para nosotros y para la gente de la VI, y los pasos hechos juntos hacia la transformación de ETA en una organización de masas y la proletarización forman parte de un bagaje común. La polémica con los militantes de ETA-VI debería hacerse sobre esta base, es decir, a partir de los puntos comunes y de su diferente interpretación posterior. Por su parte, el grupo que después de la escisión toma la dirección de ETA-V interpreta que es la acción nefasta de una infiltración españolista la causa de todo el proceso que había arrastrado a la Organización a la acción de masas y la proletarización. 

El segundo paso atrás fue la entrada de EGI-Batasuna en ETA-V (en realidad, tendríamos derecho a preguntarnos si no sucedió lo contrario, a pesar de la denominación ETA…). Bajo los principios comunes del nacionalismo intransigente y el recurso a la lucha armada, los delegados de las dos partes se pusieron de acuerdo para esperar a la próxima Asamblea antes de definir el carácter ideológico del socialismo de ETA (!!). EGI-Batasuna había publicado un documento explicando que para ellos el socialismo no era ni el de una camarilla (entendamos aquí, marxista-leninista) ni utopista (entendamos aquí, libertario). Actuando así, los firmantes del acuerdo de fusión cerraban la puerta aun socialismo LIGADO a la lucha de clases, instrumento de la clase obrera; y al mismo tiempo un retroceso en relación a lo que habían aprobado respecto a hacer definir como linea política la de los tiempos de la V Asamblea… Es así que a fuerza de recular se vuelve a la ETA nacionalista, activista y vagamente socialista de antes de 1964 (!!).

Hay que admitir también, y señalar, que ciertas publicaciones oficiales de ETA después de la escisión contienen argumentos comunistas, tanto marxista-leninistas como libertarios. Pero esto no tiene una gran importancia, ya que estas publicaciones, aprobadas por la dirección en una situación ideológica todavía confusa, no traducen su pensamiento: esto se expresa sobre todo en los hechos destinados a reforzar el aparato, y la fusión con EGI-Batasuna se hace sin ninguna concertación con los autores de los textos pro-comunistas. 

Volvamos a los hechos significativos. En primer lugar el “Manifiesto” de los cinco miembros de ETA elegidos en la V Asamblea y que anuncian la escisión; el texto es significativo de su ideología y, más particularmente, de la linea que va a controlar el aparato: se afirma que la escisión responde a las maniobras de los partidos españolistas, se niega la necesidad del Frente de Clase y se insiste sobre el Frente Nacional. Más tarde, las publicaciones oficiales se vuelven completamente disparatadas: el Kemen de Etxabe, el Zutik sobre linea política donde se insulta al pueblo español y al internacionalismo proletario, parecen contradictorios con el esfuerzo de traducir un pequeño libro en euskera sobre el Materialismo dialéctico de nula difusión, y más particularmente con otro Zutik (el 59, oficial por tanto) sobre el Frente Nacional donde se indica que su dirección le incumbe al proletariado, o la afirmación, también en Zutik, de tres puntos de apoyo del proceso revolucionario vasco: el partido de clase, el frente nacional y las alianzas internacionalistas de los trabajadores. Estos serán los puntos de vista, sin ninguna unidad y en ocasiones opuestos entre sí.

¿Tendencias diferentes? Sí, pero sobre todo poco interés por la teoría y reducción de las publicaciones a reclamos, confiados a los unos y a los otros con objetivos polemistas o propagandísticos de corto recorrido. Hay que ver sobre todo qué es lo que se hacía en realidad. Después de la escisión, se reorganiza el aparato y se refuerza el frente militar. Y se embarca en las conversaciones sobre el Frente Nacional con la participación de Mendigoizaleak, EGI, ETA-V, ETA-VI, ELA Berri, APV, ENBATA y BRANKA: pronto sólo quedarán los nacionalistas puros .

Durante esta época asistimos a un fortalecimiento de la estructura interna basada en los liberados y especialmente en los liberados militares (aquellos ligados a acciones de prestigio como la obtención y administración de fondos y el mantenimiento de la lucha en la clandestinidad). Dos fenómenos se producen entonces: el primero es que los cambios estratégicos o tácticos importantes se hacen de todas maneras sin ninguna consulta a las bases de la Organización (por ejemplo, el Manifiesto de agosto de 1971 anunciando la dimisión de Juan José Etxabe, acontecimiento importante que traduce la evolución interna del grupo dirigente pero que, evidentemente, se hace de nuevo con los mismos métodos de dirección: prioridad absoluta a los jefes del aparato militar clandestino).

El segundo es que los militantes de base van a convertirse en colaboradores necesarios en apoyo a los liberados: esto tendrá la consecuencia de alejarlos del trabajo de masas en las fábricas, los barrios o los pueblos… para consagrarse nada más que a un trabajo de apoyo logístico al aparato militar. Es decir, un nuevo paso atrás, ahora orgánicamente: las OPA (organizaciones paralelas de apoyo a los clandestinos) habían pasado a trabajar con las masas con la V Asamblea, y esta vez se trata de arrancar a los militantes de las organizaciones de masas para consagrarlos a las OPAs. 

No vamos a insistir más en la historia actual de ETA. Decimos que, para nosotros, la imagen pública de ETA en 1974 se ha convertido en la de una organización clandestina, desprovista de organismos de masas con incidencia organizada en el mundo obrero y cultural vasco. La organización intervenía PARALELAMENTE sobre los diversos frentes mediante la violencia minoritaria: secuestros de ZABALA y HUARTE, atentados, etc. Es principalmente una decisión del equipo dirigente, que pone todos sus esfuerzos en utilizar todos sus militantes para reforzar la actividad militar, en lugar de promover la formación de células de un Frente Obrero y su implantación en las masas. Es para justificar esta LIQUIDACIÓN DEL TRABAJO DE MASAS, que diversas “leyendas” se han convertido en lugares comunes en los ambientes del Frente Militar: así como la flojera de la clase obrera o la falta de interés revolucionario del pueblo. Se puede ver la falta de fundamento de estas afirmaciones viendo la progresión de las luchas obreras y populares a lo largo de estos últimos años. ETA simplemente ha perdido el contacto con el movimiento de masas espontáneo, y ha sacrificado sus propios órganos de contacto con él para gloria del heroísmo individual. 

Se puede decir en conclusión que en ETA han triunfado las influencias pequeño-burguesas. De esta clase venían la mayor parte de los apoyos de ETA en los años 1960, frente al inmovilismo del PNV controlado por la burguesía. La pequeña burguesía está en camino de volver al redil del PNV, presa del miedo al ver el impresionante aumento de madurez de la clase obrar así como el desarrollo de una represión inaudita contra las acciones de masas y la acción violenta. Ella no quiere que la clase obrera tome la dirección del movimiento patriótico vasco y, como siempre, influencia a ETA para que no se convierta en un Partido de clase. Lo más triste es que está cada vez menos dispuesta a apoyar la violencia, incluida la heroica y minoritaria de ETA. Acabará, tarde o temprano, por dejarla caer. 

ETA se ha alejado de la acción de las masas; sigue reclutando, y para bien, entre los nacionalistas más radicales, también entre los sectores particularmente en crisis en la actualidad (por ejemplo los campesinos), pero en su linea actual está condenada a desaparecer con el agotamiento social y político del grupo que la dirige, mientras que la maduración de las fuerzas populares continuará FUERA DE ELLA y que las clases medias le retirarán su apoyo logístico.

La única oportunidad de retomar el tren de la Historia, es decir, de constituirse en un partido obrero y comunista patriótico vasco, pasa por la ruptura con la política actual de ETA y la militancia en un contacto estrecho con la clase obrera vasca y las otras clases populares en las fábricas, los barrios, los pueblos…

Estando dada la correlación de fuerzas en el seno de ETA, un cambio de toda la organización en este sentido parece prácticamente imposible.

 

 

 

 

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