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Reflexiones sobre el régimen del Covid-19

[Publicado originalmente por Angry Workers of the World el 19 de marzo de 2020. Traducido por Agintea Hausten]

El régimen del Covid-19 desde una perspectiva revolucionaria de clase en siete pasos

El coronavirus lo ha inundado todo. Pese al miedo y el pánico (o lanegación) que se ha extendido, una cosa es segura: las grietas del sistema están emergiendo a la vista de todos. ¿Cómo puede responder la izquierda de manera que esquive el campo minado del reforzamiento del Estado, al mismo tiempo que garantiza que se antepongan las personas a los beneficios? ¿Cómo puede la autoorganización, como la de los grupos comunitarios que están surgiendo para ayudar a personas vulnerables, ser facilitada y sobre todo ser utilizada como vehículo para satisfacer nuestras demandas?

Podríamos simplemente depender del hecho de que una crisis significa que se implementen medidas extraordinarias desde arriba. Sólo podemos capitalizar la turbulencia del capitalismo global que supone esta pandemia para impulsar una sociedad más igualitaria si tenemos un poder de base real, que se extienda desde el apoyo mutuo hasta los centros de trabajo. Esto significa estar enraizados a largo plazo en nuestras comunidades, dentro y fuera de las paredes de los centros de trabajo. Con este fin, los Angry Workers han escrito un libro sobre cómo podría hacerse esto, basado en nuestras experiencias de los últimos seis años en el oeste de Londres. ¡No hay atajos!

Acabada la promoción del libro, presentamos ahora algunas reflexiones sobre varias de las facetas de este crisis sanitaria (y económica). Hay tanto por discutir que puede hacerse bastante abrumador. Por lo que creemos que puede ser útil establecer las siguientes categorizaciones como una posible estructura para el debate público en curso, con la ayuda de camaradas. Los distintos aspectos serían:

1) El “debate científico” 

Es importante saber si el virus es realmente nuevo, cómo de peligroso es, etc. de cara a evaluar la situación y juzgar la reacción del Estado. Al mismo tiempo “saber qué es el coronavirus” no es una precondición para discutir los desarrollos actuales. Tenemos que reconocer que la actual crisis revela la relación de dominación cuando se da el monopolio de la información: el Estado y la “comunidad científica” están separados de la vida cotidiana de la clase trabajadora, y la falta de tests y atención a la gente mayor, trabajadores mal pagados y autoempleados, puede resultar fatal. El debate sobre el carácter material del coronavirus es importante para profundizar en la crítica de que “el Estado no está haciendo lo suficiente” y de que “el sistema de salud no tiene recursos suficientes” para entender que el modo de producción capitalista (concentración urbana y pobreza, agricultura industrial y cría de animales, etc.) es el caldo de cultivo para el virus.

2) La reacción del Estado

 Aquí el debate oscila entre la desconfianza justificada en las intenciones del estado (“el Estado usa la crisis para experimentar con medidas de contrainsurgencia y represivas”) y la crítica de la incapacidad del Estado para hacer lo que debería (la austeridad ha destruido la infraestructura de salud). Podríamos suponer que las medidas represivas y los bloqueos también se imponen para encubrir y contrarrestar la falta generalizada de recursos y atención médica, como por ejemplo mediante maniobras masivas. Las medidas estatales también deben verse en el contexto de las recientes protestas populares, desde los chalecos amarillos hasta las protestas callejeras en América Latina: todas las protestas antigubernamentales en Argelia han sido prohibidas; los militares están en las calles de Francia; se ha declarado un estado de emergencia de tres meses en Chile, antes de que ocurriera cualquier muerte y antes de que se hayan tomado otras medidas sanitarias. El actual régimen del coronavirus no es una conspiración contra estas protestas, sino que el Estado sabe que tiene que ser percibido como la garantía de “recuperar el control en aras del interés general”. Debemos evitar que el Estado sea más fuerte de lo que ya es. Las medidas estatales son contradictorias. La clase política está encajonada entre, por un lado, “tener que controlar a la población” (toques de queda, cierre de fronteras) para ser vista tomando medidas, y por otro lado, la necesidad de “mantener el negocio en funcionamiento” (trabajo forzado, mantener oficinas abiertas, rescatar empresas).

3) La crisis “económica” y la reestructuración geopolítica

Sólo podemos entender el dilema del Estado descrito anteriormente si enfatizamos que el coronavirus no causó la crisis económica, sino que la recesión ya estaba en el horizonte. El dilema del Estado se ve agravado por la posibilidad de un crack. En una semana, la Reserva Federal de los Estados Unidos ha tirado tanto dinero a la basura como el que inyectó en todo el período posterior al colapso de 2008, con pocos resultados. La diferencia ahora es que el Estado usará el coronavirus como explicación de la recesión económica. La capacidad de lidiar con el impacto económico del coronavirus reestructurará la jerarquía global entre países. La prensa burguesa italiana ya está elogiando la capacidad de China para detener el virus, y China está obteniendo un importante capital político al llevar allí mascarillas y otros equipos médicos. En lugar de suponer el “Chernobyl de China”, sus estructuras centralizadas y su estilo autoritario se elogian como una gracia salvadora para poder responder a la crisis construyendo hospitales y monitorizando los movimientos de las personas. La correspondencia con los camaradas locales nos reveló que el Estado en China está bastante desorganizado y que la coordinación entre el Estado central y el local es débil. Del mismo modo, la UE ha sido totalmente incapaz de ofrecer una visión política o una estrategia coherentes. El viraje de Trump también ha significado para él perder cualquier pedazo de legitimidad que le pudiera quedar. Es cierto que la crisis está afectando profundamente la demanda occidental de fabricación china pero, ¿China u otros países saldrán fortalecidos de esta crisis?

4) Producción global y reestructuración del trabajo

El coronavirus demuestra cómo la producción global está interconectada y cómo las personas se mueven alrededor del mundo como parte de los negocios diarios. Estas conexiones ya habían sido puestas bajo presión por la guerra comercial entre Estados Unidos y China y las políticas estatales proteccionistas, pero la crisis del coronavirus muestra los límites de estas medidas nacionales. Los Estados han tenido que recalibrar su relación con las grandes corporaciones. Por ejemplo, el Estado chino utilizó el vasto conjunto de datos y redes sociales de grandes cadenas minoristas como Alibaba para ampliar las medidas de control social. No podemos aferrarnos a las viejas teorías del catastrofismo del comunismo de izquierda o de la III Internacional, ya sea en su verstiente pesimista (“el fin de la clase trabajadora”) u optimista (“¡esta vez se está derrumbando!, ¡esta vez las masas perderán confianza en él!”). Más bien debemos entender cómo el capital se reestructura a sí mismo, a la clase trabajadora, a la sociedad y a la cultura para adaptarse a las necesidades de acumulación y reproducción del sistema. Toda esta destrucción que estamos presenciando crea nuevos productos y oportunidades de mercado, como el sector de biotecnología (que por ahora está extremadamente concentrado en Asia) y las entregas a domicilio que se están expandiendo. Es probable que el teletrabajo (que en Italia, por ejemplo, está muy poco desarrollado en comparación con el Reino Unido) haya llegado para quedarse, ya que es más barato tener una determinada sección de trabajadores trabajando desde casa que en el lugar de trabajo, y el nuevo software hace posible una monitorización efectiva. El gobierno italiano cerró importantes fábricas durante unos días mientras reorganizaba la producción para cumplir con las normas de seguridad (por ej., ampliando la distancia en la línea de ensamblaje o intensificando la limpieza durante el proceso de producción). También Italia podría vivir una mayor introducción de máquinas de autopago, y una industrialización y concentración empresarial en bares y restaurantes a medida que las pequeñas empresas fracasan y el sector se racionaliza a la londinense (cafés como Starbucks & Pret A Manger). Debemos anticipar estas tendencias para guiar nuestra actividad política colectiva.

5) Reacciones de la clase trabajadora

 Aquí podemos ver que las “reacciones individuales” tienden a agravar la situación (comprar presas del pánico, acaparamiento, etc.). Allá donde los trabajadores tengan una forma orgánica colectiva, podrán atacar a los mensajes contradictorios del estado (“aíslate pero vete a trabajar”). Junto con camaradas a nivel internacional, trataremos de documentar las diversas reacciones de la clase: protestas penitenciarias en Italia, Francia, Brasil, Líbano y en centros de detención en España y Alemania; huelgas salvajes contagiosas en la industria del automóvil, desde Mercedes e Iveco en España hasta FIAT / Chrysler en Italia y Canadá; bloqueos obreros contagiosos en Amazon en Francia, España y los Estados Unidos; huelgas de alquiler y ocupaciones en varias ciudades de los Estados Unidos. Más allá de la cuestión de “quién paga y arriesga sus vidas durante la crisis”, podemos ver una politización del trabajo en el debate público: ¿qué trabajos son realmente esenciales? ¿Cómo son las condiciones de los trabajadores en estos sectores (salud, mensajería, etc.)? La cuestión del “control obrero” vuelve a surgir orgánicamente. Podemos ver formas embrionarias de iniciativas de “apoyo vecinal”, que son importantes, pero también corren el peligro de encubrir simplemente la falta de voluntad o la incapacidad del Estado para organizar este trabajo. Podemos ver cómo los principales sindicatos enfrentarán la crisis: en base al “interés nacional” y contra los trabajadores. En Minnesota, el gobernador suspendió los derechos de negociación colectiva, con el acuerdo de los sindicatos. En Alemania, IG Metall no pudo respaldar a los trabajadores de una subsidiaria de VW que perdieron su trabajo cuando se negaron a trabajar cinco horas extra semanales gratis. En el Reino Unido, el sindicato de correos CWU ofreció suspender las huelgas debido a la crisis.

6) Reacción de la izquierda

La reacción principal de la izquierda ha sido aumentar sus demandas, en parte en relación con las medidas sanitarias (a menudo exigiendo que el Estado haga cumplir el distanciamiento social de manera más efectiva) y en parte por las condiciones generales “de la clase trabajadora” (pago de bajas, etc.) . Como decíamos en la introducción, estas demandas se plantean sin propuestas de cómo aumentar la presión para hacerlas cumplir (además de apelar a los sindicatos y al Partido Laborista en el caso del Reino Unido). Los llamamientos a la “solidaridad vecinal” podrían ser más útiles, pero a menudo se hacen desde el exterior, sin raíces profundas en las zonas obreras. El reciente resurgimiento de las nociones del “nacionalismo democrático socialista” de la nacionalización como un “paso hacia el socialismo” ha nublado muchas mentes en la izquierda: las medidas estatales actuales, por ejemplo la “nacionalización” de los hospitales privados en España, son aclamados como si vinieran a confirmar lo que la izquierda venía exigiendo todo este tiempo. Los izquierdistas como Paul Mason siguen la “retórica de guerra” del gobierno cuando éste exige producir “respiradores como si fueran cazas”. El respaldo del Estado por parte la izquierda implica que la clase trabajadora estará sola cuando este mismo Estado restrinja el derecho de huelga, multe o arreste a las personas que cuestionen los toques de queda o las prohibiciones impuestas para reunirse.

7) ¿Qué se puede hacer? 

Los camaradas ya se están dedicando a documentar y hacer circular información sobre las condiciones y reacciones de la clase trabajadora localmente. Este es el primer paso. Es importante hacerse las preguntas sobre el carácter de clase de esta crisis: quién pagará por ella (rescates para las empresas, migajas para los pobres) y cómo se sufrirá de manera diferente según la posición de clase, etc. Todo esto depende del equilibrio de poder. Pero debemos ir un paso más allá involucrarnos en la politización del trabajo: ¿qué trabajos son esenciales y por qué las personas que trabajan en estos sectores están sobrecargadas? ¡Porque son muy pocas las personas que llevan el peso de toda la sociedad sobre sus hombros! El hecho de que Amazon esté actualmente contratando a 100,000 nuevos trabajadores y que las empresas de comida a domicilio estén en auge solo confirma que se da por hecho que la parte de la sociedad con salarios más bajos debe “servir” al resto. Tenemos que preguntarnos cómo la crisis está socavando la aceptación de los trabajadores de la división sagrada entre el trabajo manual y trabajo intelectual (los llamados expertos saben poco sobre lo que está sucediendo sobre el terreno; los trabajadores sobre el terreno carecen de información vital: una combinación fatal). La cuestión del poder de clase debe ligarse con la cuestión de la transformación material de cómo producimos nuestras vidas y relaciones.

 


[Publicado originalmente por Angry Workers of the World el 24 de marzo de 2020. Traducido por Agintea Hausten]

Trabajando bajo el régimen del coronavirus

Mientras que muchos en la izquierda esperaron y pidieron al gobierno que les dijera qué hacer, muchos trabajadores de todo el mundo han dado pasos limitados pero reales hacia el control obrero. Las huelgas espontáneas se han extendido desde las fábricas de automóviles en Italia a Canadá y los Estados Unidos; una serie de huelgas en los call center estalló en Brasil; trabajadores de Amazon en España, Francia y Nueva York se fueron; limpiadores públicos y trabajadores mineros están en huelga en Perú; los trabajadores de la confección en Bangalore se niegan a ingresar a las fábricas sin equipo de protección.

Podemos ver ya una politización en este corto y global movimiento de la clase.

Las demandas más inmediatas de los trabajadores en huelga fueron recibir equipos de protección adecuados contra el Covid-19. Pero después muchas huelgas fueron más allá de esto. Por ejemplo, en el caso de AvioAreo en Italia, los trabajadores cuestionaron si su trabajo, la producción de motores de avión, es socialmente esencial en estos tiempos. Los trabajadores de Ferrari hicieron lo mismo por razones obvias. El hecho de que no hayamos visto muchas acciones similares en el Reino Unido también podría tener algo que ver con la inclinación general hacia las soluciones estatales y parlamentarias. Esta posición en el Partido Laborista se interpuso en el control de los trabajadores en el pasado, por ejemplo, durante el debate del Plan Lucas. [1]

Estos son los primeros pasos fundamentales y las experiencias materiales reales del control obrero. Desde este punto, no hay un camino uniforme y gradual hacia la expansión de este control: dependerá de la lucha de los trabajadores. Pero nosotros, como revolucionarios de la clase trabajadora, podemos al menos hacer ciertas labores para sustentar este desarrollo:

  1. Seguir documentando y sistematizando los informes de las luchas de la clase trabajadora en esta situación.
  2. Compartir informes sobre cómo cambian los debates y las experiencias en el actual mundo del trabajo. Si observamos el trabajo de algunos de nuestros camaradas, que son repartidores a domicilio de supermercados, podemos ver ciertas tendencias: si estás en riesgo con cada entrega, tú y tus colegas comenzaréis a preguntaros si tiene más sentido entregar sushi a las oficinas del centro o verduras frescas al casas de ancianos. Una vez que surge esta pregunta, se pone en duda la posición de la dirección: la dirección está principalmente allí para dirigir el trabajo a hacer negocio, ya sea éste útil o no.
  3. Compartir informes sobre los pasos que los trabajadores están tomando para cambiar la naturaleza de su servicio o producto para que éste sea más útil socialmente. Algo así podría suceder bajo el “decreto gubernamental”, aunque finalmente serían los ingenieros y los operarios quienes cambiarán materialmente el proceso de producción, por ejemplo, de producir componentes de automóviles a hacer respiradores. Aquí las divisiones entre el trabajo intelectual y el trabajo manual serán cuestionadas y redibujadas y aparecerá la posibilidad de relaciones más igualitarias en el trabajo.
  4. Ayudar a impulsar la igualdad. Ya se ha planteado la cuestión de la igualdad: ¿por qué los trabajadores asalariados deberían obtener un mejor apoyo económico del gobierno que sus compañeros autónomos? ¿Por qué los trabajadores de cuello blanco “privilegiados” ya pueden trabajar desde casa, mientras que otros tienen que estar en almacenes o talleres? Esta cuestión de la igualdad se extenderá con el tiempo: ¿cómo se puede compartir la carga de trabajo en las industrias esenciales de manera más equitativa? ¿Cómo podemos evitar turnos de 12 horas para algunos, mientras que otros se sientan en casa?
  5. Apoyar las relaciones más allá del lugar de trabajo. Los límites del control obrero a nivel de empresa individual ya son visibles. La mayoría de los lugares de trabajo, en particular en alimentos y otras manufacturas, dependen de cadenas de suministro sofisticadas (internacionales). [2] Incluso para mantener en funcionamiento la producción básica, las conexiones entre las unidades productivas tienen que ser forjadas nuevamente. Cuanto más dure la crisis del coronavirus, más puestos a prueba estarán los vínculos financieros entre las unidades productivas. Los problemas de liquidez y deuda de una empresa pueden poner en peligro la producción en todo un sector. Una caída drástica en el valor de una moneda nacional y el tipo de cambio podrían poner en peligro la oferta. Aquí veremos que la “crítica del dinero y la forma de la mercancía” no es un ejercicio intelectual, sino una necesidad material.
  6. ¡Cuidado con el estado! La izquierda que exige “una aplicación más estricta del distanciamiento social” del Estado es enemiga de la clase trabajadora y punto. El Estado capitalista no es “ambivalente” y lo de la “lucha por la hegemonía” es escurrir el bulto, ¡a la mierda con Gramsci y sus discípulos! En Portugal, el “gobierno de izquierdas” ha suspendido el derecho de huelga. En Francia, la dirección utiliza la policía para amenazar a los trabajadores de correos que se niegan a arriesgar sus vidas debido a la mala salud y seguridad. En Italia, el Estado quiere mantener la producción en funcionamiento y son las acciones de los trabajadores las que hacen cumplir las medidas de protección, como no estar cerca uno del otro en una cadena de montaje que produce gilipolleces.

En el momento actual podemos ver las deficiencias de una izquierda radical que ha ignorado a la clase trabajadora en las últimas décadas. Podemos ver los límites de la ultraizquierda de la “comunización” y el “insurreccionalismo”: ¿qué impacto real tendría una ola masiva de saqueos y disturbios en la atmósfera social actual? La redistribución de la riqueza y la autodefensa respecto al estado no tiene base ninguna si no está respaldada por una fuerza cohesionada y disciplinada de los trabajadores en las industrias esenciales que puedan garantizar la supervivencia social.

La izquierda radical no tiene las raíces suficientes dentro de la clase trabajadora para impulsar la expansión de las prácticas de control obrero. Además, no existe una organización política de la clase trabajadora que pueda combinar el conocimiento y el poder de los “trabajadores de la ciencia” y los “trabajadores del taller” dentro de una dirección socialmente emancipatoria. Necesitamos construir esa organización. Vemos nuestro nuevo libro como una modesta contribución a este proceso. La introducción se puede leer aquí: www.classpower.net/intro

[1] https://angryworkersworld.wordpress.com/2016/11/24/lessons-from-the-lucas-plan-dont-waste-working-class-creativity-on-labour-and-the-state/

[2] https://angryworkersworld.wordpress.com/2020/03/23/empty-supermarkets-the-food-supply-chain-from-a-workers-perspective/

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