Traducciones

Un rebelde en Barcelona: las primeras impresiones españolas de Jack White

[Traducido por Agintea Hausten]

Vine a Barcelona como administrador de la segunda Unidad Británica de la Cruz Roja. Dos enfermeras y yo fuimos la avanzadilla para encontrar un lugar para el hospital de la Unidad en algún lugar del frente de Teruel.

Desafortunadamente, la Unidad fue cancelada, toda excepto cuatro ambulancias que están ahora en route [sic] en algún lugar entre París y Barcelona. Algunas de esas ambulancias volverán, creo que a la primera Unidad en Grañén. Hasta que lleguen en cualquier caso, me he quedado sin nadie que administrar ni nada que hacer, por lo que un amigo de la CNT-FAI me pidió que escribiera mis impresiones para un boletín de prensa.

Mi primera y más profunda de impresión fue la nobleza natural del pueblo catalán. Tuve esa impresión tan pronto como llegué a Port Bou, donde tuvimos que esperar durante seis horas al tren a Barcelona. Un sol deslumbrante brillaba tentándome a bañarme en la bahía. Después de desvestirme dejé mi abrigo con 80 libras inglesas en el bolsillo, en las rocas cercanas a un camino con aspecto de perfecta seguridad. Media hora en Cataluña y unas pocas conversacones en mi español defectuoso me hicieron sentir que estaba entre amigos, que apreciaban el esfuerzo de los obreros británicos y de los intelectuales para ayudar a su causa. Aquí me sentí protegido por la solidaridad revolucionaria y hasta por la solidaridad internacional de la clase obrera de la cual Cataluña es hoy baluarte.

Esta impresión de honor y orden revolucionario se mantuvo en todo lo que vi en mi experiencia durante la semana que estuve en Barcelona. En una ocasión, después de mi apresurada ronda matinal para conseguir los pases necesarios para ir a Valencia -lo cual fue antes de la cancelación de la unidad y cuando aún yo quería ir al frente a encontrar un lugar para nuestro hospital lo más pronto posible- pagué sin darme cuenta cuatro pesetas de más al taxista. Me las devolvió remarcando “eso sobra”[sic]. Esto ocurrió cuando entraba por la puerta del Comité Regional de la CNT-FAI, cuartel general de esos terribles anarquistas cuyas fechorías leemos demasiado a menudo en la prensa capitalista de hoy. No voy a entrar en controversias, filosóficas o políticas. Yo simplemente anoto mis experiencias sin miedo o preferencia. Es un hecho, que iglesias de Barcelona fueron incendiadas, y muchas de ellas, donde el tejado y los muros aún aguantan, son utilizadas para albergar almacenes médicos o comisariales, en vez de, como previamente, ser usadas por los fascistas como fortines. Sospecho que su función actual es más cercana al propósito de una religión basada por su fundador en el amor de Dios y el prójimo. Sin embargo, puede que la destrucción de iglesias no haya destruido el amor y la honestidad en España. Si no están basadas en el amor de DIos ,están basadas en la fraternidad, el altruismo y el respeto mutuo, que tienen que ser vividos para creer en ellos. Nunca, hasta que vine a la Barcelona revolucionaria, había visto a camareros o incluso limpiabotas rechazar una propina. Aquí el rechazo a cualquier exceso a la factura o precio exactos es tan invariable como la cortesía con la que se hace. Esta gran cortesía genera un sentimiento insoportable por haberlo ofrecido, un ignorante burgués, automáticamente continuando los hábitos burgueses e impidiendo comprender el amor propio de los obreros que ahora tienen ampliamente el control. Mi primer día me enseñó la lección. Ya no ofendo más.

Habéis oído hablar sin duda acerca del Alzamiento de Dublín de 1916. Ese alzamiento es conocido hoy como puramente naconal, donde los objetivos no iban más allá de la independencia nacional de Irlanda. Se olvida convenientemente que no solo estuvo el manifiesto publicado por los líderes burguesas concebido con un espíritu extremo de democracia liberal, sino que, asociado con los líderes burgueses, estaba James Connolly, socialista internacional, que algunos vieron como el gran luchador revolucionario y organizador del momento. Al mando del Ejército Ciudadano Irlandés, que yo mismo instruí, hizo causa común con los separatistas republicanos contra el enemigo común imperial. Se dice que amenazó con actuar con el Ejército Ciudadano solo, si los republicanos burgueses rehuían la confrontación.

Fue justo a mitad de la Gran Gerra. El alzamiento fue reprimido sin piedad por Inglaterra y dieciséis de los líderes fueron ejecutados. El mismo Connolly, malherido en la Oficina de Correos de Dublín que fue reducida a escombros por un cañonero británico, fue atado a una silla y fusilado por un pelotón antes de recuperarse.

Aquí en Cataluña, la unión de la clase obrera y la nación comienza bajo mejores auspicios de los que fueran posibles en Irlanda. En Cataluña la reconstrucción socialista interna va de la mano con la lucha armada contra el fascismo español e internacional. Estáis por delante de nosotros en la construcción anarco-sindicalista y socialista. Estáis por delante en lo concerniente a la amenaza fascista-clerical. Una y otra vez el movimiento republicano revolucionario queda un poco apartado con relación al socialismo, y huye aterrorizado cuando la Iglesia Católica Romana emite su artificial bramido de condena y excomunión.

Yo vengo de una familia protestante del Ulster. Hay un dicho en el Ulster (la provincia del nordeste de Irlanda) que dice que “Roma es un cordero en la adversidad, una serpiente en la igualdad y un león en la prosperidad”. Estoy contento de que en Cataluña hayáis hecho de Roma un cordero. En Irlanda es todavía un león, o más un lobo con piel de cordero. Los curas inflaman al pueblo y después fingen condenar la violencia popular cuando ellos la han instigado. El último Domingo de Pascua, yo mismo tuve que combatir a lo largo de tres kilómetros contra los activistas católicos, que nos atacaron en las calles cuando marchábamos para honrar la memoria de los republicanos muertos que cayeron en la semana de Pascua de 1916. Los píos alborotadores vinieron dentro del cementerio y arrancaron los rieles de las tumbas para atacarnos.

En Irlanda, como en España, fueron los curas los que empezaron con el método del fuego y la espada contra el pueblo. Pero ahora se quejan rápidamente cuando sus propias armas se vuelven contra ellos.

¡Camaradas de Cataluña! Cuando mantenéiss las barricadas no solo para vosotros mismos sino para todos nosotros, os lo agradezco con la voz de la Irlanda revolucionaria, asfixiada por algún tiempo pero destinada a recuperar su fuerza. Me mantengo honrado de estar entre vosotros, para servir si puedo en cualquier habilidad en la que sea lo más útil.

J.R. White
CNT-AIT. Boletín de Información
Nº 15. 11 de noviembre de 1936

Jack_white_head

Jack White nació en 1879 en Broughshane, en el condado de Altrim en el Ulster en el seno de una familia protestante de tradición militar británica. Tras estudiar en Inglaterra y pasar por la academia militar, combatió y fue condecorado en la Guerra de los Boers, y más tarde fue ayudante de campo de su padre, Gobernador de Gibraltar, lugar donde se casó con su primera esposa por el rito católico. Después sirvió en India. Para 1907 acabó rechazando el ejército y vivió en Bohemia, Inglaterra y Canadá. Con la muerte de su padre en 1912 se implicó en la cuestión irlandesa, oponiéndose al movimiento anti-Home Rule y fue comprometiéndose con el movimiento republicano. Llegó a Dublín en la época del lock out y promovió la creación de una milicia de autodefensa obrera, el Ejército Ciudadano Irlandés (ICA). El Alzamiento de Pascua de 1916 lo sorprendió en Francia, y acabó en prisión por promover una huelga minera en Gales para impedir la ejecución de Connolly. En la convulsa década de 1920 acabó virando hacia posiciones del republicanismo socialista, participando en varias candidaturas municipales. Viajó a España en 1936 con ayuda médica, donde impresionado por la revolución social hizo causa común con los anarquistas. Ya de vuelta en Irlanda escribió “The meaning of Anarchism” desgranando los hechos de mayo del 37, e impulsó grupos de apoyo desde Gran Bretaña, donde se casó con Noreen Shanahan, la cuál había evolucionado desde el sufragismo hasta el comunismo de izquierda. Ya en 1945 se presentó a las elecciones generales como republicano socialista por su propio condado. Murió de cáncer en 1946 en Belfast y su familia destruyó todos sus documentos.

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